Buenas tardes a tod@s.
Antes de comenzar, me gustaría daros las gracias por leer mis entradas y por vuestras aportaciones en ellas. A continuación, procedo a contaros como ha sido mi tercera semana de prácticas:
En primer lugar, de 09:00h a 11:00h de la mañana he estado acudiendo al aula 3.0, aquel aula en el que tal y como os comenté trabajamos con tres niños (L, con TEA severo; F, con TDAH; y A, con TEA). Esta semana ha sido un poco más dura que la anterior, ya que los alumnos no han tenido muy buenos días. En referencia a estos días, llegaban al aula de manera muy nerviosa, ansiosos por comenzar y terminar o sin ganas de trabajar, de manera que dificultaba realizar las tareas de manera efectiva. Por tanto, hemos tenido que enfrentarnos a rabietas de F, lo cual detona de manera espontánea crisis ansiosas en L, enfrentándonos por ende a golpes, patadas y malas palabras hacia nosotras.
Ante esta situación, mi sensación ha sido muy mala. No porque reciba este tipo de conductas, sino porque es muy frustrante ver cómo sufren ante estas emociones que no saben gestionar ni controlar, a través de las cuales se hacen daño a si mismo y a los demás. Además, es muy impotente no saber cómo ayudarles de manera rápida y eficaz. Sin embargo, mi postura no ha cambiado, insisto en intentar tranquilizarles, controlar esas conductas que son autolesivas para ellos evitando que se hagan daño, pretendiendo siempre focalizar su atención en esa paz e intentando negociar con ellos para obtener una respuesta que acepta trabajar en su conformidad. De hecho, os adjunto foto en el aula de psicomotricidad (ese día no tocaba, pero F se negaba a trabajar y, como sabemos que le gusta ir al aula, le invitamos a realizar la ficha a cambio de bajar unos 20 minutos al aula), os presento este aula:
En ella, disponemos de material que nos permite trabajar la motricidad gruesa con los alumnos, todo ello de manera divertida y ajustada a sus intereses.
A pesar de ello, han habido días en los cuales hemos estado muy cómodos y trabajadores. Os adjunto fotos de una tarea de memoria realizada con ellos y de la secuencia de tareas expuesta en la pizarra (especialmente para los niños con TEA) para conocer en todo momento lo que tenemos que hacer.
En segundo lugar, he realizado tareas como la corrección del EVALÚA-1 pasado a la alumna de 2º de primaria que os comenté la semana pasada (junto con la ayuda de otra compañera de prácticas y la supervisión de la orientadora). Al igual que las semanas anteriores, he ayudado al alumnado de 4º en el aspecto de orientación vocacional, permitiéndome proporcionarle herramientas y recursos para que se informen, así como, que tras la charla conmigo se vayan con las ideas más claras acerca de su futuro.
Asimismo, una de las PTs quiso presentarme a dos alumnos de 3º de primaria que poseen TEA, ya que conoce mi participación en el aula 3.0 y mi contacto con L. Esto me resultó muy reconfortante ya que acudió a mi para poder observar el comportamiento de estos niños y poder atender sus necesidades en caso de que ellas estuviesen ocupadas, de manera que, me consideran responsable y competente para ello. Estos alumnos estaban en clase de educación física y, uno de ellos (llamémosle P) es un niño con dichas características propias del TEA como son: rigidez mental y trabajar en contextos muy estructurados. Esto pude observarlo directamente ya que estaban jugando al "Pueblo duerme" (seguro lo conocéis) y en el momento en que una compañera se dispersaba y no seguía las reglas, se ponía tenso y reclamaba continuar por donde correspondía.
Por otro lado, tenemos a D el otro niño con TEA. Mientras le observaba, surgió algo que no le sentó muy bien y se fue llorando. Me dirigí a su profesora (quien intentó hablar con él y consolarle, sin mucho éxito) y me comentó lo que había pasado (D es un chico que tiende a sentir las emociones de manera muy intensa, de esta forma, cualquier cosa que le moleste de sus compañeros, se convierte en un problema mayor a nivel personal) y fui en su búsqueda a hablar con él. Lo encontré en su aula, le pedí permiso para pasar y me presenté, colocándome a su altura y con una voz suave para poder obtener un mínimo de cercanía con él. Esto me dio los resultados que esperaba y D me comentó lo que había pasado desde su perspectiva, tras hablar con él, escuchar cómo sentía y consideraba que estaría bien hacer la próxima vez que esto surgiese, me pidió acompañarlo a su aula. La profesora me agradeció y sorprendida me dijo que esto es inusual. Dicha profesora me permitió estar en el aula la próxima hora, D estuvo charlando conmigo y apoyándose en mi durante toda la hora siguiente.
Mis sensaciones son muy buenas, estoy muy contenta y orgullosa de todo lo que estoy trabajando y aprendiendo en el centro.
Mis inquietudes vuelven a ser las mismas, qué se espera de mi y si seré capaz o no de cumplir con las expectativas. Todo ello (igual que la última vez) estoy segura de que se resolverá.
Gracias a todos y espero que estéis genial,
Un saludo.
Buenas, es genial que te sientas competente y valorada. Considero que las situaciones que explicas al principio (rabietas y autolesiones) son difíciles de gestionar y es normal que te frustre el no poder realizar una acción efectiva. Son niños/as que poco a poco aprenderán a realizar una gestión de estas emociones, con lo que te apoyo a que continúes con la respuesta que has utilizado para este tipo de situaciones. Respecto a la última parte, felicitarte por la complicidad con D, tienes que sentirte muy bien después de eso, un saludo.
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